viernes, 22 de febrero de 2008

PÉTALOS

Con mirada fija y semblante regio, el guerrero miraba a su presa, su mano no temblaba, su corazon galopaba frenético, levanto la mano que sujetaba el arco y con certeza apuntó al centro de sus ojos.
Soltó la cuerda que tensaba la flecha y derecha entró en el objetivo, la presa cayó al suelo y de sus ojos manarón dos lágrimas como pétalos de lirio.
El guerrero se acercó gallardo, rezó una oración al cielo dando gracias a su Dios.
Dandose la vuelta gritó " enterradlo".

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